Amigos y socios, ¿buena combinación?

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Amigos y asociados, ¿buena combinación?

Adoramos a nuestros amigos, es muy entretenido estar a su lado, la pasamos tan bien. Aun, sabemos que podemos contar con ellos pues han continuado ahí en lo próspero y en lo desfavorable, han sido cómplices y saben guardar secretos. En resumen, han pasado la prueba definitiva y se han quedado. Lo natural es compartir con ellos las mieles de un proyecto que semeja tener muchas posibilidades de triunfar, mas ¿van a poder ser buenos asociados?
La mayor parte de los emprendedores se han hecho esta pregunta para la que no hay una contestación adecuada que se ajuste a todos y cada uno de los casos. Los amigos son de las figuras más esenciales en nuestras vidas, son compañeros y tienen una ventaja: nos conocen, mas considerarlos para ser parte de un proyecto de emprendimiento puede ser un detonante que produzca chispas, tanto de éxito como de descalabro. Ya antes de invitar a un amigo a ser parte de un plan de negocios es preciso hacer un alto para examinar.
La tentación de transformar a un amigo en asociado no es banal. Preferimos confiar en alguien a quien conocemos y estimamos que a un ignoto que nos puede producir suspicacia. En frente de lo que no nos resulta familiar, tenemos temor y claro que inclinamos el leal de la balanza en favor de quien nos ha brindado su amistad. Mas, sabemos bien, que entre amigos los temas de negocios son más difíciles de lo que semeja.
Primeramente, hay que echarle un balde de agua fría al tema. Es muy diferente ser un buen compañero en el aspecto social que en el desarrollo de un proyecto. Hay que separar el cariño, las creencias y partir de condiciones observables, medibles y cuantificables que nos dejen valorar si mi amigo va a ser un buen asociado en los negocios. En esta condición estamos resguardando 2 aspectos del mismo modo relevantes: la amistad y el negocio.

¿Por qué razón es buena idea invitar a alguien a ser parte de un proyecto?
Tener un asociado es contar con un apoyo. Es una alternativa que deja compartir las responsabilidades y los peligros, tanto financieros como prácticos. Los buenos asociados contribuyen, aparte de aportar recursos, con una pluralidad de habilidades, capacidades y experiencia. Asimismo comparten la toma de resoluciones en el manejo del negocio, de la misma manera que las utilidades y las pérdidas. Mutuamente se apoyan y motivan para soportar los instantes bien difíciles. Con un amigo, el proceso puede ser más soportable y hacerse ameno.
Contar con alguien con metas similares y valores afines ayuda a la consecución de los objetivos y a lograr las metas. De forma adicional, sentir simpatía mutua y gozar de estar juntos, codo a codo, en los largos los periodos que deban compartir, ayuda a aligerar la carga y a efectuar proyectos.
Tener un especialista de confianza en campos que son extraños a nuestra área de conocimiento quita muchas preocupaciones. Estar al lado de una persona que sabe de lo que no conocemos es una enorme ventaja que produce campos fértiles y círculos productivos robustecidos.
Pues la suma de 2 talentos siempre y en toda circunstancia tiene efectos multiplicadores, más cuando la simpatía, el respeto y el cariño están presentes.
No obstante, no siempre y en toda circunstancia es buena idea incluir a los amigos en los proyectos de emprendimiento. A veces, en lugar de producirse círculos virtuosos, se abren las puertas del desastre y se termina sin amigo y sin proyecto. Resulta necesario comprender que la relación de asociados de inversión es entre las más frágiles y potencialmente destructoras que existen en nuestro planeta.
Una sociedad puede ser bien interesante y productiva, mas hay que tener en consideración que, como cualquier relación entre humanos, precisa de paciencia, constancia, buena fe y esmero. Lo primordial es que todos y cada uno de los asociados sean transparentes y sinceros entre ellos y que estén prestos a solucionar, tan pronto resulte posible, cualquier diferencia de posturas entre ellos. Esa es la clave que evitará que los inconvenientes se vuelvan destructores y terminen con el negocio y con la calma.
Para esto resulta necesario tener la madurez para charlar con claridad y agredir los inconvenientes con responsabilidad. Hay temas frágiles que han de ser tomados en cuenta para eludir posibles disputas e inconvenientes con sus asociados en el futuro:
Tomarse el tiempo para desarrollar, de forma explícita y por escrito, misión, visión y objetivos que reflejen la convergencia de puntos de vista para el negocio. Esto asistirá a sostener el enfoque conveniente y los canales de comunicación abiertos, mientras que el negocio se empieza a desarrollar.
Acotar las áreas de responsabilidad de cada asociado, no de conformidad con los gustos, sino más bien con base en sus fortalezas individuales, capacidades y experiencia dejando a cada quien libertad en el ejercicio de sus actividades.
Producir un pacto entre los asociados en el que se establezcan las esperanzas de cada uno de ellos en puntos clave como: distribución de ganancias, división de trabajo, responsabilidad gerencial en el negocio, y reglas para un potencial caso de adquiere de participación de un asociado por la parte del otro. Esto evitará que el negocio esté siempre y en toda circunstancia sujeto a los estados anímicos variables de los asociados y a los avatares personales de cada uno de ellos de ellos —divorcios, deudas, enfermedades, quiebras, accidentes—, aparte de la repercusión de terceros —familiares, cónyuges, los hijos, los esposos, los progenitores, hermanos, otros amigos, son fuente espontánea de enfrentamientos.
Debemos eludir asociarnos con un amigo si…
Lo invitamos al proyecto solo por echarle la mano.
Es bueno para festejar pero malo para la responsabilidad.
Sabemos que tiene una situación financiera comprometida.
Nunca lo hemos visto trabajar.
No sabe manejar la presión.
No comprende los límites entre la amistad y el negocio.
Chilla en lugar de argüir.
Trae pegado a alguien tal y como si fuera una parte de su cuerpo, sea otro amigo, la novia, el hijo o bien quien sea.
La peor resolución que podemos tomar es apurarnos con una propuesta de asociación para un amigo. Enseñar interés no es suficiente. Hay que examinar todas y cada una de las posibilidades con máximo cuidado. Si hay dudas, si se está inseguro de que el potencial asociado pueda integrar un equipo fenomenal, es mejor buscar alguna opción: trabajar de manera conjunta ya antes de formalizar la sociedad, hacer una prueba. En resumen, ya antes de comprometerse de forma terminante con un amigo, lo mejor es valorar.
Una vez hecha la evaluación y si la dirección señala rumbo a asociarnos con un amigo, hay que proponer estrategias de salida en la que las dos partes se sientan conformes. Esto, con el objetivo de asegurar que si el proyecto fracasa, se pueda preservar la amistad.
Amigos y asociados puede ser una buena combinación o bien ser un desastre monumental. Todo depende, en buena medida, de la profundidad del análisis y la frialdad con la que se pueda crear la sociedad; eso, por el bien de cada parte. Es terrible perder un negocio y, peor, quedarse sin amigos.

 

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